Martine Aubry y por delante de quien era su jefa de filas Mlle. Segolene Royal. Ha sido un acto casi íntimo, demasiado íntimo quizá, pero un tanto gozoso. Al menos para el que esto suscribe. El gozo era el de escuchar de boca de alguien, que previsiblemente mandará algo en Francia a partir del 6 de mayo, las opiniones que muchos venimos sustentando desde hace ya bastante tiempo en lo tocante a la necesidad de apearnos de la mula coja del pretendido “progreso” que nos vienen vendiendo los voceros a sueldo del libre mercado. En mi ingenuidad y mi simpleza tengo el convencimiento de hacer, casi a diario, descubrimientos e invenciones sobre multitud de aspectos que, sin duda alguna, redundarán en beneficio de todo el género humano. Así, en los últimos tiempos he inventado “la rueda”, “la Tasa Tobin”, “la Sostenibilidad”; he descubierto “el parasitismo del mundo financiero” y creo que, también, “la sopa de ajo”. El único inconveniente es que una serie de desalmados me han copiado estas ideas varios años antes (lo de la rueda creo que hace miles de años). No obstante, eso no me desanima y con toda humildad me impongo las respectivas medallas. Por eso hoy he disfrutado al escuchar que un personaje, intelectualmente algo más sólido que yo, se dedicaba a pregonar mis propias convicciones e incluso ha escrito un librito resumiéndolas.
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